Se cumple el 80° aniversario: bautizo de sangre del partido demócrata-cristiano

La llamada Revolución de Octubre, cuyos ideales adoptó la generación fundadora de la Democracia Cristiana venezolana, trajo también consigo un período marcado por la violencia y el sectarismo, en respuesta a la conducta asumida por Acción Democrática, aliada entonces con los militares que integraban la Junta Revolucionaria de Gobierno. La sola fundación del partido demócrata-cristiano, ocurrida el 13 de enero de 1946, despertó una abierta animadversión tanto del oficialismo como del Partido Comunista de Venezuela y de sus distintas facciones, reunificadas ese mismo año.

Por entonces se fundaron numerosos partidos políticos, pero —con la excepción lógica del oficialista— ninguno lograba una capacidad de movilización comparable a la de COPEI, que ya gozaba de amplias simpatías en distintos sectores de la población. El anuncio de su primer mitin en Caracas puso en alerta a sus adversarios declarados, quienes quedaron sorprendidos ante la masiva concurrencia copeyana que llenó el Nuevo Circo, algo que pocas organizaciones políticas de la época conseguían replicar. Conforme crecía el respaldo popular, incluso en los actos más modestos celebrados en el país, los intentos de sabotaje escalaron hasta desembocar en un homicidio.

En efecto, el exitoso primer acto de masas de COPEI, celebrado el 18 de junio de 1946, fue blanco de intentos de sabotaje por parte de individuos infiltrados que apedrearon reiteradamente a los oradores.

Entre quienes tomaron la palabra ese día estuvieron Pedro del Corral, Edecio La Riva Araujo, Lola Bertorelli, Víctor Manuel Giménez, Ana de Pineda, J. A. Pérez Díaz y, finalmente, Rafael Caldera. Lo que comenzó como un bautismo político terminó en tragedia: al concluir el acto se escucharon también disparos de arma de fuego. Entre piedras y balas, el saldo final fue de dos muertos y varios heridos, entre ellos Patrocinio Peñuela Ruíz y Tomás Liscano. Caldera responsabilizó entonces a los comunistas, a quienes acusó de haber contado con la complicidad de los adecos, señalando además que resultaba difícil explicar que un evento de tal magnitud para la Caracas de la época contara con tan escaso resguardo policial frente a las amenazas que, de una u otra forma, ya habían anunciado los agresores.

Dos años después, con motivo del segundo aniversario de los hechos, Caldera escribió que consideraba plenamente demostrado que la responsabilidad de la violencia del 18 de junio recaía por completo en los comunistas y en quienes los respaldaron, incluyendo a adecos y al propio gobierno. Sostuvo que el sabotaje había sido una acción planificada y anunciada de antemano —incluso mediante volantes impresos en la tipografía oficial del Partido Comunista—, que las autoridades habían sido advertidas con suficiente antelación, y que, pese a que la violencia comenzó desde las ocho de la noche, las fuerzas del orden tardaron hasta las diez y media u once en presentarse para dispersar a los grupos que, de manera violenta y en abierto desconocimiento de las garantías constitucionales, se habían apostado a las afueras del Circo.

La fotografía utilizada para ilustrar esta nota, originalmente en blanco y negro y ahora coloreada digitalmente, permite hacer tres observaciones sobre aquel intento trágico de sabotaje que, gracias al coraje de sus protagonistas, no impidió la continuidad del acto.

En primer lugar, los oradores vestían según la usanza de la época, un estilo que ya no se emplea en Venezuela para este tipo de eventos, y resulta notable la presencia en el presídium de personas provenientes de sectores populares.

En segundo lugar, se observa a un joven Luis Herrera Campíns, de apenas 21 años y sin bigote —algo poco habitual en su imagen posterior—, sosteniendo el micrófono para uno de los oradores, en medio de un ambiente que transmite tanto agitación como atención al mensaje que se transmitía.

Por último, según recuerda Manuel Alfredo Rodríguez, el escándalo generado por estos hechos fue de tal magnitud que prácticamente eclipsó el fallecimiento, ocurrido en las mismas fechas, de Elbano Mibelli, destacada figura del andinismo venezolano y quien fuera gobernador del Distrito Federal durante la presidencia de Eleazar López Contreras. El periodista Sanoja Hernández, con militancia formal en el Partido Comunista, dedicó una página completa a conmemorar el 34° aniversario de COPEI sin mencionar este hecho histórico, limitándose a publicar la fotografía en cuestión.

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